LA VITICULTURA EN MADEIRA: LOS DESAFÍOS ACTUALES Y FUTUROS

La viticultura en Madeira se caracteriza por un paisaje único, unas condiciones exigentes y generaciones de viticultores profundamente vinculados a la tierra.

Quien contemple la isla de Madeira desde fuera se dará cuenta enseguida de una cosa: ¡su paisaje está intrínsecamente ligado a los viñedos! Quien conozca un poco mejor Madeira sabe el arduo trabajo y la capacidad de resistencia y perseverancia que cada viticultor debe demostrar para trabajar y cuidar sus viñedos, en gran parte debido a las características del relieve accidentado que predomina en toda la isla.

La viticultura de Madeira se caracteriza por pequeñas parcelas de tierra, a las que a menudo denomino «nanofúndio», cuya superficie media ronda los 900 m². En Madeira se explotan unas 400 ha de viñedos dentro de un total de 4 702,9 ha de Superficie Agrícola Utilizada (SAU), donde la mayor parte de la superficie agrícola se encuentra situada en una zona con una pendiente media de entre el 16 % y el 25 %. El envejecimiento de nuestros viticultores (más del 25 % de los productores agrícolas tiene 65 años o más) dificulta aún más la gestión de las labores, lo que hace necesaria una mano de obra externa que es escasa o inexistente.

La coexistencia de este cultivo con otros cultivos competidores, como la caña de azúcar y el plátano, siempre ha existido y sabemos de antemano que solo el sistema de policultivo es el que da buenos resultados, y no limitarse a un sistema de monocultivo. De hecho, a lo largo de la historia hemos sufrido varias crisis graves que han obligado a la emigración debido a la falta de rentabilidad de un cultivo que era predominante y que provocó profundas crisis económicas.

Sabemos que, a lo largo de las generaciones, se han superado diversas crisis, desde el oídio y la filoxera hasta las guerras y otras muchas que se han ido sucediendo. Actualmente vivimos tiempos diferentes en los que el «alejamiento» de la tierra resulta preocupante. No solo en el caso de la viticultura, sino también para la agricultura en general. Un alejamiento en varios sentidos, a saber:

1) la «desconexión» emocional y generacional, en la que los nietos ni siquiera saben dónde están las tierras de sus abuelos y viven inmersos en la tecnología;

2) el “desvincularse” de la importancia de la tierra como fuente primaria de alimentación, en la que se quiere plantar de todo menos cultivos agrícolas;

3) la “desconexión” política (en el sentido de las políticas) respecto a la protección y la importancia de la tierra como bien fundamental para la salvaguarda de la vida humana y animal; y

4) ¡Un “desvinculamiento” cultural de la necesidad de proteger la identidad de una tierra!

Los retos de la viticultura en Madeira

Los desafíos a corto y medio plazo para la viticultura de Madeira son enormes y exigen el esfuerzo de todos para encontrar las mejores soluciones, que consistirán principalmente en:

1) la búsqueda de nuevas zonas (más extensas y con posibilidades de mecanización);

2) una mayor y mejor formación de todos los productores;

3) más investigación para determinar qué es mejor: variedad, zona o clon;

4) un mayor seguimiento de las condiciones edafoclimáticas de cada lugar por parte de los organismos gestores del sector, con el fin de anticipar posibles problemas;

5) la revalorización continua de la uva como forma de atraer a más viticultores y generar mayores ingresos;

6) un mayor uso de las herramientas existentes de agricultura de precisión para producir más y mejor a menor coste; y

7) crear equipos de trabajadores con la formación adecuada para llevar a cabo las distintas tareas agrícolas.

No nos dejemos engañar en una cosa: siempre sabremos encontrar las soluciones y los caminos, donde siempre prevalecerán la resiliencia y la capacidad de trabajo heroico que demuestran todos los viticultores, lo cual es motivo de una profunda e inmensa admiración. Cada escalón subido, cada uva cosechada, cada copa de vino de Madeira que se bebe son y serán siempre símbolo de un profundo amor por la tierra, por el viñedo y por la profundidad de sus orígenes. Muchas gracias a todos y brindemos por el futuro.

Pedro Filipe Lima, Madeira Wine Company